marzo 2007
Elisabet Golerons
La obesidad afecta las relaciones sexuales
Un problema de que poco se habla y que a menudo padecen las personas obesas es la dificultad para mantener relaciones sexuales. Es un tema con doble enfoque que podemos abordar desde un punto de vista de salud o estético. Dejando aparte el concepto mítico de los gordos/as como seres alegres, felices, que gozan de la vida y el sexo, nos centramos en los casos de obesidad mórbida, donde aumentan las incidencias de diversas patologías que repercuten en las relaciones íntimas y, además, forman parte de una triste estadística: mayor mortalidad detectada a causa del sobrepeso.
A la hora de la verdad las mujeres evitan los encuentros eróticos para "que no las vean así", y ocultan su cuerpo, evitando que sus compañeros sentimentales las observan desnudas
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Hay mujeres que utilizan la "gordura" como mecanismo de defensa para evitar los encuentros afectivos y eróticos: "como estoy gordita no puedo entablar un vínculo", cuando la dificultad es previa al sobrepeso. Además de los conflictos con el cuerpo, cabe destacar que el peso excesivo representa un factor de riesgo cardiovascular (en mayor medida en el varón, aunque en la menopausia la mujer se equipara al varón).
"Sé que a él no le gusta más mi cuerpo", suelen pensar las representantes del sexo "debil" que a lo largo de la vida matrimonial han acumulado más kilos que belleza. Esto desemboca en la disminución de la libido y el deseo sexual inhibido. En el varón no incide tanto en lo estético, pero sí en la mayor presencia de enfermedades cardiovasculares, debido a que carece de la protección estrogénica propia de la mujer, y por otro lado, a los factores socioculturales que pesan sobre ellos. Las causas hormonales no suelen ser las más frecuentes aunque sabemos que el hipotiroidismo -más frecuente en mujeres- puede traer aparejado dos consecuencias: aumento de peso y disminución del apetito sexual. Asimismo, algunos psicofármacos tienden al aumento de peso.
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Las relaciones sexuales se dificultan por vía indirecta: baja autoestima, rechazo a su propio cuerpo y al compañero, sentimientos de desvalorización
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Los hombres con obesidad avanzada no llegan a verse los genitales por la adiposidad retropúbica y, aparte de los trastornos psicológicos, se dificultan ciertas posiciones coitales. Suelen tener tan desajustadas las variables metabólicas (colesterol, triglicéridos altos, diabetes, hipertensión), asociadas a la vida sedentaria, que esto deriva en un cuadro de impotencia franca (no olvidemos que en la respuesta erectiva hay un componente vascular importante).
No es exagerado decir que las personas obesas se someten a cierto peligro en las relaciones sexuales. Por ejemplo, una persona con varios factores de riesgo cardiovascular puede padecer un episodio desagradable si al subir dos pisos por escalera a paso rápido (esfuerzo similar al de un coito) presenta dolor en el pecho o fuerte fatiga (sensación de falta de aire marcada). Si este obeso puede hacer ese esfuerzo o más sin síntomas, no habría este tipo de problemas con las relaciones sexuales. Obviamente, si aparecen palpitaciones o le sube la presión arterial, debería suspender el acto.
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Como solución a corto plazo pueden utilizarse posiciones que requieran de menos esfuerzo, como que la pareja esté abajo, boca arriba, y que sea quién se mueva, y disminuir la intensidad del bombeo o del movimiento pélvico
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De todas maneras los obesos y obesas deberían hacerse controles médicos (ECG y ergometrías, análisis, Rx de tórax) por varias razones, no sólo por su vida sexual. Aun que los pacientes que acuden a especialistas por una impotencia o anorgasmia (en el caso de mujeres) y tienen varios factores de riesgo, se acaban dando cuenta gracias a este problema que padecen un alto grado de obesidad.
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