
El sobrepeso y el transporte están reñidos. La gente que padece obesidad mórbida y quiere coger el avión o el tren, pueden verse obligados a pagar doble o un suplemento añadido ya que ocupan dos asientos. No es ya el simple hecho de ir más cómodo, sino que hay algunas personas que sencillamente no pueden ir sólo en uno y requieren esa segunda plaza. El dilema es, ¿deben pagar esa segunda tarifa? Según asegura la presidenta de la organización Defensor del Paciente, Carmen Flores, “no puede ser que algunas personas sean discriminadas por las compañías aéreas o ferroviarias por padecer una enfermedad. Sufrir una patología no puede significar no poder viajar al mismo precio que cualquier otro pasajero".
Según el reglamento 1107/2006 aprobado en el Parlamento Europeo hace dos años "las personas con discapacidad o movilidad reducida" por cualquier factor "deben tener las mismas oportunidades de utilizar el transporte aéreo que los demás ciudadanos". Iberia tiene un protocolo para pasajeros con necesidades especiales que incluye a "toda persona cuya movilidad está reducida debido a cualquier discapacidad física, deterioro de las facultades intelectuales, edad, o cualquier otra causa de discapacidad". No obstante, los enfermos de obesidad mórbida, pese a ser personas con movilidad claramente reducida, no entran en este grupo. Ha habido muchos antecedentes como la sentencia contra Air France del año pasado, pero la polémica sigue muy vigente. Mientras, mucha gente con sobrepeso opta por el transporte privado.
Entre la espada y la pared
Los obesos, más que nadie, optan por coger el coche. Lo que consiguen es viajar más cómodo y evitar pagar más por su propio sobrepeso en el transporte público. Lo que queda al margen es que así contribuyen al aumento de consumo de petróleo. La Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres apunta que “las personas obesas o con sobrepeso requieren más combustible para su transporte y el de los alimentos que consumen. El problema empeorará a medida que la población literalmente engorde”.
Actualmente hay 400 millones de obesos en todo el mundo, y en 2015, la OMS prevé que esta cifra alcance los 700 millones. El aumento de población supone un mayor consumo. En este contexto, todo lo que sirva para reducirlo es crucial y, por lo tanto, favorecer el uso del transporte público por parte de los obesos es muy importante. Crear una zona de asientos reservados más grandes, incluir dentro del protocolo de personas con necesidades especiales a la gente que sufre obesidad, etc. Los obesos tienen una movilidad reducida y como tal todos los transportes deberían estar adaptados a sus capacidades.