Comer bien y sano en horario de oficina se ha convertido en un una tarea nada fácil. Hemos acudido a Inma Peñas, psicóloga del centro de medicina estética Sants Institut, que en una entrevista nos revela las claves para mantener un ritmo laboral sin bajar la guardia. Inma está convencida de que es posible trabajar fuera de casa y llevar a la vez, una vida sana. “Aunque lógicamente esto requiere tomar conciencia de ello y dedicarnos a diario un pequeño espacio, para cosas tan simples como comer bien y practicar algún tipo de ejercicio”. Ella a parte de psicóloga, es mamá, esposa, amiga de sus amigos y no le importa privarse de sueño para nadar antes de empezar a trabajar. “Es mi pequeño regalo y el esfuerzo me recompensa” confiesa la carismática doctora. “La vida profesional, aun con falta de tiempo, no es incompatible ni con la vida personal, ni con llevar un estilo de vida sana, puesto que si nos organizamos, todo es posible si se desea”.
- Dra. Peñas, ¿es posible comer bien cuando disponemos de poco tiempo y no podemos comer en casa?
Mucha gente que trabaja en oficinas no tiene tiempo suficiente para comer en casa y a menudo descuidan su alimentación. El primer paso para controlar esta situación es tomar conciencia de ello e intentar introducir pequeños cambios en nuestro estilo de vida. Parece que si comemos en casa, es más fácil hacer una dieta equilibrada, pero si no podemos, no justifica que nos descuidemos a la hora de comer. Igual que somos capaces de dedicar un esfuerzo a hacer bien nuestro trabajo, debemos esforzarnos para comer bien a diario.
La comida es la “gasolina” que nos mueve,
y si descuidamos este aspecto,
repercute en todos los demás.
Si vemos que nos cuesta, podemos pedir asesoramiento a un especialista, para que nos enseñe a comer de forma sana y variada, aunque dispongamos de poco tiempo. Es importante tener claro, que en el fondo, somos lo que comemos.
- ¿Si queremos perder peso y no podemos ir a comer en casa, qué alternativas tenemos?
La mejor opción es intentar hacer el mismo tipo de comida que haríamos si quisiéramos perder peso y pudiéramos ir a comer en casa. Es decir, cocinar alimentos hipocalóricos (que no engorden) y llevárnoslos en el trabajo. Evidentemente, esto requiere (a parte de disponer de una zona especial para calentar la comida, como suele haber en la mayoría de oficinas), un esfuerzo en el sentido de preparar la comida por la mañana antes de salir a trabajar o por la noche anterior. ¿Qué no sabe igual que recién hecha? Pues seguramente no, pero
podemos jugar más con ensaladas frescas de pasta,
de legumbres, de hortalizas, etc que no cambian tanto de sabor,
guardarnos los caldos y las verduras recién hervidas para la noche.
El problema, no es tanto la comida, sino la pereza que nos da prepararla con antelación. Pero volvemos a lo que decíamos antes, quien algo quiere algo le cuesta, y si no mejoramos nuestros hábitos alimentarios, difícilmente perderemos peso. Otra opción, en el caso de no disponer de microondas en el trabajo, es buscar cerca un lugar donde se cocine de forma sana y natural, pero lógicamente la tarea es nuestra a la hora de elegir adecuadamente los platos que nos convienen. En el fondo casi todos sabemos cuando comemos bien y cuando comemos mal, el problema es mantenernos constantes y no tirar por la borda el esfuerzo con el que empezamos una dieta.
¿Qué estado de ánimo es mejor para la ingesta?
Aprender a comer con tranquilidad es el mejor regalo que nos podemos hacer.
No podemos estar trabajando de 8.00h a 20h de un tirón. Aunque dispongamos de poco tiempo, es bueno aprovechar la hora de la comida para desconectar.
Los que nos quedamos a comer en el trabajo
tenemos que entender que no podemos comer
delante del ordenador porque ni es sano, ni placentero.
Es tan importante comer bien como saber saborear lo que comemos, porque comer es una necesidad y a la vez un gran placer que no podemos menospreciar.
¿Por qué puede ser necesaria la ayuda psicológica en personas con sobrepeso u obesidad?
Porque en la mayoría de los casos, saben lo que deben comer, pero les cuesta ponerlo en práctica. Es decir, ¿de qué te sirve conocer mil dietas, si luego te cuesta empezarlas o cuando las empiezas te desmotivas?
Con la ayuda de un psicólogo especialista
en trastornos de la alimentación, puedes aprender
a cambiar tu relación con la comida.
Puedes modificar tus malos hábitos como el picotear entre horas, comer compulsivamente, etc. Y además aprender a diferenciar cuando tienes hambre realmente o cuando se trata de solo ansia por la comida.