Al oír “sauna” pensamos en un ambiente cerrado y caluroso, donde permanecemos para sudar y liberar nuestro cuerpo de las toxinas. Hablamos de dos tipos sauna: húmeda, que funciona con vapor y es más conocida como baño turco, y seca, que utiliza piedras, leñas u otro material para calentar. La primera
se asocia con el Oriente y el exótico mundo del harén
donde el baño más que un rito era celebrción de un encuentro social. Antiguamente las favoritas del sultán iban a los baños acompañados por sus sirvientes eunucos, convirtiendo el evento en un espectáculo de gala donde estrenaban sus toallas bordadas y zapatillas incrustadas de nácar. Era el lugar oportuno donde las mujeres mayores buscaban novias para sus hijos mientras pasaban horas en charlas y relax.

El baño turco (1862) es un cuadro erótico de Dominique Ingres. Muestra mujeres desnudas en un harén. Durante siglos la obra ha permanecido en colecciones privadas para llegar al Museo de Louvre, donde se encuentra hoy en día.
La sauna seca ha adoptado el nombre “finlandesa”, debido al uso exclusivo que le ha dado este pueblo “friolento”: ¡5,2 millones de habitantes tienen 2 millones de saunas! Se practica a menudo y la desnudez es habitual. Por la sensación de relax físico y mental, se cree que está relacionada con los ritos de purificación que realizaban las tribus primitivas en el norte de Europa.
¡Ojo! La sauna húmeda raramente supera los 60ºC, mientras que en la seca el cuerpo humano puede tolerar temperaturas superiores a 80ºC durante cortos periodos de tiempo. La sauna seca debe ser autorizada por un médico. No pueden tomar sauna finlandesa quienes sufran de cardiopatías, inflamaciones internas, enfermedades contagiosas y epilepsia, ni quienes lleven marcapasos.
Beneficios
- Alivia los dolores de columna
- Aumenta la circulación sanguínea
- Hidrata la piel y desobstruye los poros
- Combate el estrés y la hipertensión
- Relaja la musculatura
- Aumenta la elasticidad del tejido y actúa contra la celulitis
- Previene las enfermedades respiratorias